Elop

"La primera vez que me masturbé fue en el callejón Emiliano Zapata. Tenía treinta y ocho años menos de los que cargo hasta el día de hoy. Era un niño y lo hice por una niña que me traía loco, según, me enamoré. Ella vivía por el barrio San Nicolás, a tres calles de mi casa. Ese día fue el primero donde caminé a su lado después de clase. Ninguno de los dos habló en todo el camino. Se me hizo tan corto y a la vez eterno. Eran las doce del día, el calor picaba en la piel, olía a hojas secas y mojadas por la lluvia de la madrugada; el día sabía a brisa. Nada le faltaba para ser perfecto. Para sentir la dulzura de su mirada. Todo era convexo y azul. Me pesaba la mochila, quería volar. El vapor se impregnaba por mi pecho al ver el color de sus ojos al reflejarse el sol en ellos. Era bella, bonita, inocente. Era niña. Tan niña como niño yo.

Recuerdo que solía mandarle paletas de fresa cada semana sin que ella supiera quién era. Lo hacía sólo para ver su sonrisa cuando la descubría....y finalmente...gracias al calor del sol y a los de mi cuerpo, sentí su amor tan profundo ahí, en el día, con el sol, con ella en mi pensamiento, explotó mi vida y se fundieron mis mil y un deseos por su nombre, por su llanto, por sus manos, por su color, por sus ganas.
Al final...me mató su amor. Al siguiente día no supe más de ella.

¿Su nombre? ¡Carolina! Carolina se fue a vivir a la capital al siguiente día de caminar junto a mi y de descubrir su brillo. ¿Mi nombre? Roberto. Hasta ahora lo sabe. Vivo en la capital, soy psicólogo y casualmente es mi paciente. Hasta hoy sabrá el sabor de sus paletas."


Elop
1 Response
  1. vladimir Says:

    Me gusta lo que escribes... te voy a seguir leyendo.
    Te Amo.


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