Elop

La ropa tirada se lamenta. El suelo las cobija, les da agua, les inspira.
No se da cuenta que la ama, sólo se mira a sí mismo.
Con música romántica, siempre las mismas canciones. Nunca las recuerda.
Sólo sabe de lo bien que se ve con ese peinado que ve frente al espejo.
Ella también le nutre su vanidad al regalarle esas miradas demoledoras.
Nunca tienen su cama limpia, pero sus cuerpos sí. El más lúgubre contraste.
Las paredes son húmedas y mohosas.
Y comienza otra canción...
Una melodía pura, transparente. Ellos sudando artificiales sin sentido y con vacío. Otro lúgubre contraste.
La canción llena el vacío. Y a ellos no los llena nada.
Ella lo ama. Él...Él se gusta a sí mismo.
Ella se entrega. Él se luce.
La cama soporta, las paredes observan, el viento no quiere salir, el techo se ríe.
Sus ojos cegados en el, y él ni la mira.
Poco a poco vuelve a la realidad, le da el olor a humedad. Le dice que lo ama.
Él ríe con brillo en los ojos y se da cuenta de lo bien que se le ve el tatuaje del brazo en esa postura.
Realmente nunca supo si la amó. Jamás lo sintió ni lo sentirá.
Se puso la ropa. Terminaron las canciones. Comenzaron los sollozos. Una vez más.
Esta vez, no volverá.
El niño bonito se quedó solito.

"No recomiendo tener sexo con música romántica. Tengo cierta tendencia a deprimirme. Prefiero oirla al hacer el amor."

Elop.
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